El acceso de niñas, niños y adolescentes a internet ocurre a edades cada vez más tempranas y en condiciones cada vez más privadas y menos supervisadas. Esa transformación reduce las posibilidades de que las personas adultas adviertan de manera oportuna una situación de riesgo, por lo que la prevención requiere una intervención de quienes ejercen el cuidado.
La prevención de la violencia sexual en línea se organiza en cinco pasos.
El uso de redes sociales por parte de adolescentes ocurre generalmente en dispositivos de uso personal, lo que dificulta que madres, padres y personas cuidadoras conozcan con quién se comunican. TikTok, una de las aplicaciones con mayor número de descargas en años recientes, cuenta con una función de sincronización familiar que permite vincular la cuenta de madres, padres y personas cuidadoras con la de niñas, niños y adolescentes. La vinculación permite establecer límites de tiempo de visualización, restringir contenido inapropiado y administrar los ajustes de privacidad y seguridad, incluida la definición del carácter público o privado de la cuenta.
La activación requiere tener ambos dispositivos a la mano y comprende cuatro pasos.
Las situaciones de violencia sexual en línea pueden originarse en espacios percibidos como seguros, incluido el propio hogar y con una persona adulta a pocos metros de distancia. La interacción digital ocurre en dispositivos de uso individual, de manera que la presencia física no garantiza el conocimiento de con quién se comunica una niña, niño o adolescente.
El contacto suele iniciar con una persona adulta que se presenta como alguien de edad similar, construye una relación de confianza de manera gradual y más adelante propone un encuentro fuera de línea. Preguntar de forma habitual con quién se comunican, acompañar su experiencia en internet y sostener una comunicación abierta sobre lo que ocurre en el entorno digital constituyen las primeras medidas de protección.
De acuerdo con la organización End Violence, más de 750 mil personas en el mundo han buscado contactar en línea a una niña, niño o adolescente con un propósito sexual. Frente a ese riesgo, la prevención en el ámbito familiar constituye la primera línea de protección, y diez recomendaciones permiten orientar esa tarea.
Entre 5 y 25 por ciento de niñas, niños y adolescentes puede experimentar violencia sexual, ubicada entre los cinco eventos más traumáticos que una persona puede enfrentar. Sus consecuencias se manifiestan en el corto, mediano y largo plazo, y afectan el desarrollo, la salud física y mental, y el bienestar social y económico. Ocurre a cualquier edad y sin distinción de sexo ni de condición social, cultural o económica. Generalmente proviene de personas del círculo cercano, como familiares, vecinos o amistades, y también sucede en línea.
Tres acciones permiten intervenir frente a esta problemática.
El personal de salud, docentes y quienes conviven de manera cotidiana con niñas, niños y adolescentes ocupan una posición favorable para identificar estos casos. Ante una revelación, la respuesta adecuada consiste en escuchar, creer y ayudar.
El acceso a las redes sociales se recomienda a partir de los trece años, aunque la interacción digital comienza en la práctica a edades menores. Ni internet, ni las redes sociales, ni la tecnología constituyen en sí mismos un riesgo. El riesgo se origina en el desconocimiento de las personas adultas respecto de las amenazas presentes en el entorno digital, ya que no es posible prevenir aquello que no se identifica.
Cinco acuerdos permiten regular el uso de la tecnología en el hogar.
Ninguno de estos acuerdos sustituye la convivencia y la confianza con niñas y niños, que constituyen la condición de fondo de cualquier medida preventiva.
La brecha generacional dificulta que las personas adultas comprendan el entorno digital en el que crecen niñas, niños y adolescentes, lo que limita su capacidad de anticipar riesgos. Los controles parentales constituyen uno de los recursos disponibles para reducir esa distancia. Se trata de aplicaciones que se instalan en los dispositivos y permiten conocer qué sitios frecuentan, con quién se comunican y cuánto tiempo permanecen conectados, además de bloquear aplicaciones y administrar el tiempo de uso. Algunas incorporan botón de pánico.
La oferta disponible es amplia y varias de estas aplicaciones operan en cualquier sistema operativo, por lo que la selección conviene hacerla en función de las necesidades de cada familia. Estas herramientas tienen un límite que corresponde señalar. Ningún control parental sustituye la supervisión de madres, padres y personas cuidadores, ni reemplaza la educación y el acompañamiento que corresponden a las personas adultas en la era digital.
El grooming en línea es una forma de violencia sexual en la que una persona adulta contacta por internet a una niña, niño o adolescente con el propósito de concretar un encuentro sexual, en línea o fuera de línea, o de obtener material de abuso sexual infantil. No ocurre únicamente en las redes sociales, sino también en sitios de internet, juegos en línea, foros, aplicaciones y servicios de mensajería instantánea, es decir, en cualquier espacio que permita la comunicación con personas desconocidas.
Cinco recomendaciones conviene compartirlas de manera directa con las hijas y los hijos.

