Entre 5 y 25 por ciento de niñas, niños y adolescentes puede experimentar violencia sexual, ubicada entre los cinco eventos más traumáticos que una persona puede enfrentar. Sus consecuencias se manifiestan en el corto, mediano y largo plazo, y afectan el desarrollo, la salud física y mental, y el bienestar social y económico. Ocurre a cualquier edad y sin distinción de sexo ni de condición social, cultural o económica. Generalmente proviene de personas del círculo cercano, como familiares, vecinos o amistades, y también sucede en línea.
Tres acciones permiten intervenir frente a esta problemática.
- Informarse sobre sus características y su magnitud.
- Educar a niñas, niños y adolescentes, dado que la educación sexual opera como factor de protección dentro y fuera de línea.
- Atender los indicadores que permiten sospechar una situación de violencia, entre ellos los cambios en la conducta o en el rendimiento escolar.
El personal de salud, docentes y quienes conviven de manera cotidiana con niñas, niños y adolescentes ocupan una posición favorable para identificar estos casos. Ante una revelación, la respuesta adecuada consiste en escuchar, creer y ayudar.